Fogón Oriental

Nina Sellanes: la voz de las mujeres rurales y del trabajo lechero familiar

today02/06/2026 8

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En el marco del Día Mundial de la Leche y del aniversario número 90 de Conaprole, Nina Sellanes Choca, productora lechera de San José, compartió en Fogón Oriental una historia marcada por el trabajo de tambo, la vida familiar, la actividad gremial y el papel fundamental de las mujeres rurales en la lechería uruguaya.

Desde el kilómetro 78 de la Ruta 3, en la zona de Mañana Grande, Nina habló con la emoción de quien no solo conoce el campo desde la teoría, sino desde la experiencia cotidiana. Allí nació, allí formó su familia y allí asegura que seguirá hasta el final de sus días. “Es mi lugar en el mundo”, expresó, al describir el fuerte arraigo que la une a su tierra, a su casa y a una forma de vida construida paso a paso.

Una historia que empezó desde muy abajo

La vida de Nina en la lechería comenzó en un momento difícil. Según recordó, los reveses de la vida pueden cambiar de un día para otro los planes de una familia. En su caso, la figura de su madre, María Elena Choca, fue decisiva para salir adelante y enfrentar el trabajo rural con fortaleza.

Nina contó que era apenas una muchacha de casi 15 años cuando tuvo que aprender junto a su madre a ordeñar una vaca para poder tomar leche. Aquello que empezó como una necesidad se transformó con el tiempo en un oficio, en una forma de vida y en una historia de superación. “La vida te va marcando, te va moldeando y hay muchas cosas que te llegan a fortalecer”, reflexionó, al mirar hacia atrás con la serenidad de quien reconoce en el sacrificio una escuela de vida.

También recordó aquellos comienzos humildes, cuando con una sola vaca les sobraba algo de leche y comenzaron a vender unos 10 litros diarios a gente que elaboraba dulce de leche. Ese pequeño paso fue el origen de un camino que, con el correr de los años, fue consolidando una vida ligada al tambo.

El tambo de antes y el tambo de hoy

Al describir el trabajo cotidiano, Nina diferenció con claridad el tambo de antes y el de hoy. Recordó las madrugadas frías, el barro, los temporales, el esfuerzo físico y las mojaduras del invierno que, con el paso de los años, terminan dejando huella en el cuerpo.

“Sacrificado era antes”, señaló, al comparar aquellos tiempos con la realidad actual. Hoy, explicó, la tecnología cambió profundamente la actividad. La máquina de ordeñe, los comederos automáticos, el tanque de frío y las mejoras en el manejo permiten vivir el trabajo de otra manera, aunque la rutina y la responsabilidad sigan siendo parte esencial del oficio.

Para Nina, el tambo sigue exigiendo atención diaria, horarios, cuidado de los animales, planificación de las parcelas, alimentación adecuada y coordinación de distintas tareas. Pero también destacó que el sector lechero ha sabido incorporar tecnología con rapidez, algo que ayuda a mejorar las condiciones de trabajo y a hacer más llevadera una actividad históricamente muy demandante.

Una familia enraizada en la producción

La historia de Nina también es una historia familiar. Junto a su esposo, sus hijos, su nuera y sus nietos, construyó una vida donde el trabajo y la casa se entrelazan. Contó que sus hijos crecieron vinculados al tambo, primero como juego y luego como parte real de la actividad familiar.

Aunque uno de sus hijos hoy es médico y no está directamente involucrado en el rubro, Nina destacó que todos comparten ese sentido de pertenencia. Habló de una familia grande, unida, con vida compartida bajo el mismo techo y con la fuerza que da sentirse parte de un mismo proyecto.

Esa dimensión familiar, sostuvo, es una característica muy presente en la lechería. Incluso cuando las escalas productivas son distintas, el tambo suele sostenerse sobre estructuras familiares, con compromiso, continuidad y una relación directa con la tierra.

Pequeños y medianos tambos frente a nuevos desafíos

Desde su realidad como pequeña productora, Nina también se refirió a las limitantes que enfrentan muchos tambos de su zona. Explicó que en Mañana Grande predominan los pequeños y medianos establecimientos, con escasa disponibilidad de tierra y fuerte competencia por los campos.

Señaló que, en otros tiempos, la competencia podía venir de quienes buscaban arrendar para ganadería, mientras que hoy también aparecen rubros agrícolas como la canola y otros cultivos. Esa presión sobre la tierra condiciona las posibilidades de crecimiento para muchos productores familiares.

En ese contexto, la tercerización de algunos servicios se vuelve una alternativa necesaria. Para productores de pequeña escala, acceder a maquinaria propia puede ser muy costoso, por lo que contratar servicios aparece como una forma práctica de seguir produciendo y mantenerse “al golpe del balde”, como graficó durante la charla.

El lugar de la mujer en la lechería

Uno de los puntos más fuertes de la entrevista fue su mirada sobre la mujer rural. Nina afirmó sentirse “la voz de muchas de las que no hablan”, en referencia a tantas mujeres de campo cuyas historias de sufrimiento, perseverancia y lucha muchas veces no se cuentan o no encuentran espacio para ser escuchadas.

Desde su experiencia, remarcó que el rol de la mujer en la lechería es fundamental. Según expresó, una parte muy importante de la mano de obra del sector pasa por las mujeres, aunque muchas veces ese aporte no se visibiliza lo suficiente.

También contó que desde la Asociación Nacional de Productores de Leche se trabaja para revertir esa situación, buscando que las mujeres puedan tener mejor calidad de vida y alcanzar derechos o mejoras que todavía están pendientes. Su testimonio permitió ponerle rostro y voz a una realidad profunda del campo uruguayo: la de mujeres que sostienen familias, tambos y comunidades enteras desde el trabajo cotidiano.

La llegada a la actividad gremial

Nina relató que su ingreso a la actividad gremial se dio casi “a prepo”, impulsado por el productor Eduardo Viera Mangliano y por el estímulo de su propio hijo. Al principio dudaba. Nunca había participado en una directiva, había pasado gran parte de su vida en el tambo y temía no encontrar su lugar en un ámbito integrado mayoritariamente por hombres y grandes empresarios.

“Yo pensaba: acá me van a ningunear”, recordó, al evocar aquellos primeros momentos. Sin embargo, la experiencia fue diferente. Contó que la recibieron bien, le fueron explicando los temas y poco a poco se sintió parte. La actividad gremial le abrió nuevas miradas, le permitió conocer otras realidades productivas y comprender mejor los problemas compartidos por los productores lecheros.

Para Nina, participar también significó salir del encierro cotidiano del tambo, cambiar de aire y descubrir que organizarse ayuda a buscar soluciones colectivas para un sector que enfrenta desafíos permanentes.

Conaprole, una cooperativa que siente propia

En el día en que Conaprole cumplió 90 años, Nina expresó una defensa firme de la cooperativa. Se definió como “conaprolera de alma” y destacó que, más allá de los conflictos o dificultades, Conaprole representa una herramienta fundamental para los productores.

“Conaprole es una cooperativa. Somos todos dueños”, afirmó, al marcar que para ella la fortaleza del modelo está en que todos los productores forman parte de la misma estructura. También subrayó que, en la cooperativa, el precio de la leche tiene el mismo valor para productores grandes y pequeños, con diferencias vinculadas a la calidad que cada uno logra aportar.

Nina valoró además el acceso a insumos en igualdad de condiciones, como fertilizantes u otros productos necesarios para la producción. Desde su mirada, esa lógica cooperativa protege al productor frente a situaciones que en otros modelos empresariales pueden dejar a trabajadores y productores sin respaldo.

Una voz que abre camino

La entrevista con Nina Sellanes permitió acercarse a una historia de trabajo, familia, arraigo y compromiso. Su testimonio no se quedó solamente en la memoria del tambo de antes, sino que también puso sobre la mesa los desafíos actuales de la lechería, la importancia de la tecnología, la defensa de la producción familiar y la necesidad de reconocer el papel de las mujeres rurales.

En su forma sencilla y directa, Nina recordó que detrás de cada litro de leche hay madrugadas, manos curtidas, decisiones familiares, organización gremial y mucho amor por la tierra. Su voz representa a muchas mujeres y familias que, desde el campo, siguen sosteniendo una parte esencial de la identidad productiva del Uruguay.

Escuchá la entrevista completa en el Canal de Spotify de Radio Oriental Agropecuaria 770 AM: 

Escrito por equipodecantoyfogon

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