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today10/04/2026 19 1
En la columna semanal de Platos Criollos en Fogón Oriental, el Licenciado Ítalo Fernández propuso mirar un elemento cotidiano desde una perspectiva más profunda: la olla, entendida no solo como recipiente, sino como un verdadero símbolo cultural, social y emocional en la vida de las personas.
Lejos de una definición técnica, la reflexión giró en torno al valor simbólico de este objeto presente en todas las cocinas, capaz de transformar alimentos, pero también de generar vínculos y construir identidad.
“La olla no es un simple recipiente, hay que ir un poco más allá”, planteó, al señalar que todo en una cocina comunica, desde el orden hasta los utensilios.
En ese sentido, explicó que la olla tiene un campo semántico amplio: puede ser de hierro, de barro o incluso improvisada, pero su valor trasciende el material, porque lo importante es lo que sucede en torno a ella.
Uno de los aspectos centrales es su vínculo con lo ancestral. La olla aparece siempre asociada al fuego, y el fuego al encuentro. “Pensás en un campamento y el momento es el fueguito donde se reúne la gente”, expresó, remarcando que ese instante de cocinar es también el de compartir. Ese espacio genera comunidad, donde todos colaboran, participan y se integran alrededor de un mismo objetivo.

La olla también forma parte del lenguaje cotidiano y de la memoria cultural. Expresiones como “hacer una ollada” o “parar la olla” remiten no solo a la comida, sino a la organización, la solidaridad y la supervivencia. “Cuando decís una ollada, ya sabés que es compartir”, explicó, destacando ese sentido colectivo que se mantiene vigente. Incluso en contextos más complejos, como las ollas populares, aparece su dimensión social más fuerte: la de alimentar y sostener.
Otro elemento clave es la igualdad que propone. “De ahí se reparte el mismo contenido, todos comemos lo mismo”, señaló, resaltando que la olla elimina diferencias y genera un sentido de comunidad. Más allá de gustos individuales, el sabor es compartido, y eso refuerza la idea de pertenencia.
La olla también se vincula con la memoria afectiva. Como otros utensilios de cocina, se transforma en un objeto cargado de significado. Así como ocurre con cuchillos, cucharas o calderas, estos elementos dejan de ser materiales para convertirse en recuerdos vivos. “Pasan de la materialidad a lo que remiten”, explicó, comparándolos con fotografías que evocan momentos y personas.
Durante la charla también se reflexionó sobre los cambios en la vida moderna, donde se han perdido ciertos rituales. “El momento de la comida era el punto de encuentro de la familia”, recordó, señalando que hoy esos espacios son menos frecuentes. Sin embargo, destacó que recuperar esos momentos puede fortalecer los vínculos y devolver sentido a lo cotidiano.
Uno de los ejes más fuertes de la columna fue la necesidad de revalorizar lo cotidiano. “La intención es que la gente piense que lo que tiene en la casa tiene valor”, afirmó. Desde un tenedor hasta una olla, cada objeto puede ser parte de una historia, de una tradición o de un momento compartido.
En definitiva, la olla aparece como uno de los elementos más completos de la cocina. “La olla es un símbolo de comunicación total”, definió, integrando lo material, lo simbólico y lo emocional. Un objeto simple que, al mirarlo con profundidad, revela el valor del encuentro, la memoria y la cultura.
La columna dejó una reflexión clara: detenerse en lo cotidiano para descubrir su verdadero valor. En tiempos donde lo inmediato predomina, la olla recuerda la importancia de compartir, de esperar y de construir vínculos. Una invitación a volver a lo esencial.
Escuchá la entrevista completa en el Canal de Spotify de Radio Oriental Agropecuaria 770 AM:
Escrito por equipodecantoyfogon
Italo Fernandez platos criollos