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Canto y Fogón Radio El Sentir del Folklore
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London Calling Podcast Yana Bolder
today05/03/2026 250 1
En La Peña del Fogón, Fogón Oriental recibió a Óscar Ramírez, bandoneonista y referente de la música folklórica uruguaya, para una charla extensa y muy humana: de esas que no se apuran, porque están hechas de historia, de oficio, de caminos y de afectos. Entre anécdotas y música en vivo, Óscar compartió el recorrido de una vida atravesada por el bandoneón y por la decisión —serena, consciente— de empezar a transitar una nueva etapa.
Óscar recordó que su vínculo con el instrumento nació cuando era un niño. A los 7 u 8 años, en Las Piedras, empezó a estudiar bandoneón y, aunque no nació allí, fue el lugar donde se formó, creció y construyó su carrera. Con una sinceridad que se siente cercana, contó que de chico era muy tímido, de los que “agachaban la cabeza y tocaban”. Y que el bandoneón fue, literalmente, su modo de decir: “yo no hablaba, pero mis manos hablaban por mí”.
Esa relación con el instrumento no es solo técnica: es emocional. Óscar lo explicó con una imagen sencilla y potente: si el músico está contento, el bandoneón “se ríe”; si está triste, “llora con uno”. En esa idea cabe mucho de su manera de entender el arte: no como un producto fabricado, sino como algo que nace cuando se siente de verdad.
En la conversación apareció otro rasgo central de su camino: la empatía y el compromiso con causas solidarias. Óscar contó que, hace tres años, sintió la necesidad de crear una canción dedicada a los “niños diferentes” y donar su autoría a Teletón. Lo definió como un gesto simbólico pero importante: “no te llena el bolsillo del pantalón, pero sí el bolsillo del alma, y ese es el que nos vamos a llevar”.
También recordaron una obra ya clásica en su repertorio: “Cantemos todos juntos”, una canción nacida desde la preocupación por un mundo atravesado por conflictos, guerras y desigualdades. Para Óscar, ese mensaje se vuelve más actual con el tiempo: la música como puente, como abrazo, como llamado.
Entre los hitos de su carrera, Óscar fue claro: el momento que lo marcó a fuego fue llegar al Teatro Solís con su música, con su nombre y su grupo. Contó que ese show fue el 12 de marzo de 2020, apenas antes de que se cerrara todo por la pandemia. Llenar el Solís, grabar un disco y un video en vivo, y vivir esa noche sin que nada empañara lo logrado, fue para él “lo máximo”.
Ese recuerdo permitió hablar también de las dificultades históricas del folklore (y del tango) para ocupar espacios grandes en Uruguay. Óscar sostuvo que el camino no es sencillo, y que su carrera se construyó sin “un productor grande” detrás: con trabajo constante, con una productora familiar —su compañera, María José— y con el oficio de “obrero del puesto”, como dijo, empujando día a día para sostener un proyecto cultural.
En un tramo especialmente cálido, Óscar habló de su hijo Nahuel y de lo que significó compartir escenario con él. Contó que de chico quiso que fuera músico, incluso le dejó un bandoneón, pero el instrumento “durmió” años sin abrirse. Hasta que llegó la guitarra. Con el tiempo, Nahuel empezó a tocar en silencio, con auriculares, sin mostrarse. Y en 2024, en la Sala Nelly Goitinho, ocurrió algo que Óscar guarda como un tesoro: su hijo subió por primera vez a tocar con él. Era, además, una noche especial: el espectáculo “La despedida”, pensado como cierre de una etapa grande.

Óscar lo explica con claridad: no se trata de “irse”, sino de cambiar de lugar. Cumplidos sus 71 años, se siente bien, pero quiere recuperar tiempo para lo simple: la familia, una comida en casa, un cumpleaños, esos momentos que tantas veces se pierden por la ruta, los horarios, las giras y la logística.
Porque detrás del escenario, también está el costo: viajes largos, madrugadas, peligros en carretera, desgaste físico, y una responsabilidad enorme con los músicos y el equipo. “Ya logré lo que quería”, dijo, y esa frase suena más a gratitud que a renuncia.
En la entrevista, Óscar reafirmó su idea de mantener vivas las músicas que escucharon nuestros abuelos: tocar tangos, valses, y clásicos como “La Cumparsita”, no por nostalgia, sino por identidad. Señaló que muchas veces se dice que “los jóvenes no bailan tango”, pero que cuando se lo acercás, lo bailan: hay que mostrarlo, hacerlo circular, darle lugar.
Ese mismo espíritu aparece en su trabajo en televisión con “Canto ahí nomás”, un espacio que hace años recibe músicos jóvenes y abre puertas donde, según él, hoy hay pocas. “Hay gurisada interesada, pero falta difusión”, resumió.
Casi al final, compartió una noticia que mezcla emoción, memoria y presente: el 15 de marzo viaja a Orense (Galicia), al municipio de origen de su abuelo. Contó que, con el tiempo, reconstruyó su historia familiar, consiguió la partida de nacimiento, armó su árbol genealógico, y ahora irá con su bandoneón para grabar un videoclip de una canción dedicada a ese abuelo que conoció poco, pero que lo marcó para siempre.
La nota cerró como debía: con música en vivo, con mensajes de la audiencia y con esa sensación de fogón encendido, donde la identidad no se declama: se vive.
Escuchá la entrevista completa en el Canal de Spotify de Radio Oriental Agropecuaria 770 AM:
Escrito por equipodecantoyfogon
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