Fogon Oriental

Carlos Benavides: “Los festivales son comercio… y a veces ese comercio es cruel”

today10/02/2026 16

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Carlos Benavides habló sobre los festivales de folklore y el desafío de sostener la identidad cultural en un escenario cada vez más comercial.

En Fogón Oriental, el cantor Carlos Benavides ofreció una conversación profunda sobre su historia, la canción popular uruguaya y el presente del folklore, dejando definiciones que invitan a pensar el rumbo cultural del país. Con la serenidad de quien ha transitado más de cinco décadas de escenarios, el artista reflexionó sobre el valor de la difusión, la creación y el sentido de pertenencia en la música de raíz.

Desde el inicio, Benavides remarcó el rol clave de los medios y de los espacios dedicados al folklore: sin difusión —señaló— la creación pierde su razón de ser.

Los comienzos: una decisión que cambió su vida

El cantor repasó su llegada a Montevideo en 1974 para grabar su primer disco, Soy del campo, recordando un tiempo donde el esfuerzo y la distancia formaban parte natural del oficio. Comunicarse con la familia implicaba largas esperas, viajes extensos y una vocación firme por aprender, estudiar guitarra y profundizar en la composición.

Aquella decisión —dejar el magisterio y apostar a sus canciones— fue, según expresó, una de las pocas decisiones “exactas” de su vida. La influencia familiar, las tertulias literarias y la lectura constante marcaron su vínculo temprano con la poesía, que luego se transformaría en canción.

El encuentro con Washington Benavides y otros referentes de Tacuarembó consolidó su identidad artística y dio origen a una generación que marcaría la canción uruguaya. De esos recitales colectivos surgió la denominación “Grupo de Tacuarembó”, una etiqueta que con el tiempo se volvió parte de la historia cultural del país.

Identidad, coherencia y decisiones difíciles

Benavides recordó también su experiencia con la industria musical fuera del Uruguay, donde recibió propuestas que implicaban renunciar a su repertorio y a su libertad creativa. Rechazó esas condiciones y eligió permanecer fiel a su camino.

Yo canto canciones que compusimos nosotros”, resumió, explicando que el arte implica riesgo, pero también convicción. Esa postura definió su trayectoria: una carrera construida desde la coherencia antes que desde la exposición.

La tradición compartida y la solidaridad artística

Durante la charla, destacó la influencia decisiva de Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños, Viglietti y otros referentes que abrieron caminos estéticos y simbólicos para nuevas generaciones. Recordó gestos concretos —como el préstamo de instrumentos o la difusión de canciones— que permitieron que obras como Chamarrita de una bailanta trascendieran fronteras y se convirtieran en clásicos del litoral.

También evocó la vida de festivales en los años 80, el vínculo entre artistas y la dimensión humana de la música popular: encuentros, aprendizajes y una comunidad cultural que excedía el escenario.

Nuevas generaciones y el desafío del tiempo inmediato

Consultado sobre el presente, Benavides evitó la nostalgia y reconoció que cada generación crea sus propios lenguajes. Sin embargo, expresó preocupación por la ansiedad de llegar rápido y por la falta de dominio del instrumento en algunos procesos actuales.

Para el cantor, arriesgarse es necesario, pero el camino artístico exige trabajo, estudio y profundidad. Aun así, valoró la existencia de excelentes músicos, docentes y escuelas que sostienen una tradición formativa sólida en el país.

Festivales, mercado y cultura: una definición que abre debate

Uno de los momentos más fuertes de la entrevista llegó al analizar el presente de los festivales. Benavides fue claro: “Los festivales son comercio… es un artículo comercial y muchas veces eso es cruel”.

Sin cuestionar la lógica económica, planteó una pregunta de fondo: qué dimensión cultural queda cuando lo comercial domina la programación. Señaló que el escenario principal suele responder a decisiones de mercado, mientras otros espacios —fogones, encuentros, propuestas paralelas— conservan el espíritu identitario.

Su reflexión no buscó confrontar, sino abrir una discusión sobre qué legado cultural se transmite a las nuevas generaciones y cómo equilibrar espectáculo, industria y pertenencia.

Medios, difusión y el círculo de lo conocido

El artista también abordó el rol de los medios, señalando que el pedido permanente de canciones conocidas puede generar un circuito cerrado que dificulta la aparición de nuevas propuestas. Aun así, reconoció el valor de los programas de folklore en todo el país y la importancia de los espacios nacionales que sostienen esa difusión.

En ese contexto, destacó experiencias de cruce generacional —como el encuentro entre payadores y rap— como ejemplos de continuidad cultural más que de ruptura.

Una mirada humanista del oficio

En el cierre, Benavides volvió a una idea central: el respeto por el trabajo. Desde el artista hasta el trabajador rural, sostuvo, todo oficio merece reconocimiento. Su propia trayectoria —marcada por la constancia, la decisión y la fidelidad a la canción— resume esa mirada.

La visita dejó una conversación íntima y reflexiva que trasciende la biografía individual para convertirse en una lectura sobre el folklore, el mercado y la identidad cultural. En tiempos de cambios acelerados, la voz de Carlos Benavides recordó que la canción popular sigue siendo, ante todo, un espacio de memoria, coherencia y pertenencia.

Escuchá la entrevista completa en el canal de Spotify de Radio Oriental 770 AM:

 

Escrito por equipodecantoyfogon

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